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¿Cómo se hace una vegana?

VeganismoRecuerdo a la primera vegana que conocí en el 2010. Desde ese momento empecé a enterarme de muchas cosas sobre el veganismo y vegetarianismo. Para mí, eran conceptos muy extraños y, honestamente, yo la veía y pensaba: “¿quién demonios comería así voluntariamente, privándose de tantas cosas buenas?”.

De todas formas, cada vez que conocía a alguien que había decidido “privarse” de ciertos alimentos, mi curiosidad me obligaba a entender por qué. Cada uno tenía una razón distinta o una combinación de razones. Usualmente, un vegano decide serlo por amor a los animales y rechazo al especismo, también es posible ser vegano por amor al ambiente o por razones de salud. Hoy en día, yo soy vegana por todas esas razones.

Fue un proceso gradual

Aún habiendo abierto los ojos y sabiendo sobre el especismo, sobre el daño que le hacen las industrias cárnicas, pesqueras, lecheras, etc. a los animales y a la tierra, no dejé de comer carne hasta el 2017. Para mí todo fue un proceso muy gradual y, aunque jamás pensé que me haría vegana, tenía muy claro que quería reducir mi impacto pero sin sufrir yo en el proceso.

He de decir que tener una suegra con más de 20 años de experiencia siendo vegetariana me ayudó y mucho. Nunca insistió en cambiar nuestros hábitos (aunque no perdía la oportunidad de informarnos), pero cada vez que nos veíamos, podía probar algunos de sus deliciosos platos ovo-lactovegetarianos, e incluso veganos.

Así fue como empecé a introducir más de estos en mi dieta y estos platos iban reemplazando los menús omnívoros que hacía en casa y cada vez comprábamos menos productos animales para consumir aunque hasta el 2017 consumía estos alimentos en el trabajo, de viaje o si quedaba con amigos.

No sabía por donde empezar

Me costaba imaginar una dieta 100% vegetariana. Aparte de la idea de renunciar a ciertas comidas, simplemente no sabía por dónde empezar, pensaba que sería muy costoso y especialmente me preocupaba no alimentarme bien. Una vez fui al médico quejándome de debilidad y fatiga; su respuesta científica a mi bajo nivel de sodio fue que debía consumir más jamón serrano. Otros dos doctores insinuaron lo mismo.

Con apoyo médico tan débil, ir quitando cosas de mi dieta me preocupaba. Lo que yo necesitaba era una autoridad médica, con conocimiento del tema, que me asegurara que llevar una dieta vegetariana no me iba a hacer mal, ¡pero hasta entonces solo seguía recibiendo recomendaciones de comer aún más carne! Y entonces, vino la diada de Sant Jordi...

Sant Jordi y Okja me dieron el último empujón

En Sant Jordi 2017 mi hermano vino a visitarme a Barcelona. Justo después de haber ido a comer una comida muy omnívora con él, pasamos por un puesto de flores de una organización pro-animales. No recuerdo qué organización era, pero sabía que si ese año compraría una rosa, sería ahí. Ese soleado día de abril me atreví a confesarles que tenía tiempo queriendo ser vegetariana y que no sabía por dónde empezar.

Así acabé con un libro de Lucía Martínez (graduada en Nutrición y dietética) en mis manos. El libro se llamaba “Vegetarianos con-ciencia” y contenía absolutamente toda la información necesaria sobre qué comer y cómo en una dieta vegetariana/vegana. ¡Eureka!

Juro que cuando empecé a leer el libro descubrí algo vital: hasta ese momento, no sabía comer. Me preocupaba no poder alimentarme bien si me hacía vegana pero descubrí que ni siquiera con mi dieta omnívora estaba alimentándome correctamente. Mis analíticas lo confirman y compararlas es la mejor arma contra comentarios pedantes de carnívoros.

Aún no había acabado el libro cuando me entero que la industria del huevo es tan cruel como la de los pollos. Usualmente, los machos son asesinados al nacer (muchas veces triturados vivos), solo porque no ponen huevos. Además, a las gallinas ponedoras las explotan de una forma que nadie describiría en los cartones de huevo “0” que venía comprando. Es una industria sumamente cruel.

Finalmente, me había puesto en el lugar de las vacas

Desde ese día de Sant Jordi decidí ser vegetariana. Gracias al libro de Virginia García fui adaptando mi dieta y, aunque al principio era difícil porque me apetecían algunas cosas (ternera, beicon y sushi sobretodo); mientras más opciones vegetarianas tenía, menos pensaba en traicionar mi decisión. La verdad es que el libro en cuestión te prepara muy bien para ser vegano pero mientras lo leía pensaba: ¿a quién le hago daño comiendo huevos y leche?

La industria lechera fue la que más me impactó. Desde Sant Jordi venía viendo muchos documentales sobre el vegetarianismo, los más famosos son Earthlings, Cowspiracy y What the Health (todos muy recomendables). Había descubierto ya los males de la industria láctea, para la salud y hacia los animales.

Puesto de una manera muy simple, para tener leche en nuestras mesas, una vaca es usualmente violada (inseminada artificialmente), pocos días después del parto se separa del ternero  (algo por lo que sufren tanto madre como cría) que en cosa de un año parará a la mesa de un omnívoro, se le explota por su leche durante 7 de sus 9 meses de embarazo y después y tan pronto se acaba su leche, se le vuelve a inseminar. Imaginar a una mujer en esa situación me puso los pelos de punta. 

Finalmente, me había puesto en el lugar de las vacas. Pero no estaba lista para dejar el queso parmesano aún. No hasta casi 4 meses después.

La decisión de convertirme en vegana

Jamás pensé que lo que finalmente me haría dar ese último paso sería una película de Netflix llamada Okja. No creo haber llorado con tanto sentimiento desde que era niña. Mi pareja tuvo que pausar la película porque estaba privada del llanto. Esa noche de agosto del mismo año 2017, decidí ser vegana. 

Honestamente, mi mayor queja acerca del veganismo, es no haber tomado la decisión antes. 

 

Escrito por: Keysa Yánez @k_polerina

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